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Autor: Begoña Carrasco García, Alcaldesa del Excmo. Ayuntamiento de Castellón
Hay decisiones que, por mucho que una lo intente, no las puede comprender ni las entenderá jamás. Cuando el sinsentido y la sinrazón se imponen, caer en el lamento no sirve de nada y se debe pasar a la acción. Como ustedes sabrán, desde el pasado septiembre, uno de los grandes tesoros de Castellón, la Reserva Natural Marina de las Islas Columbretes, se encuentra en peligro. El Gobierno de España, de quien depende la protección de este espacio natural de enorme riqueza, ha decidido reducir a la mitad su vigilancia, dejándolo a su suerte prácticamente dos de cada tres días.
Las consecuencias de tal disparate no se han hecho esperar y el mayor tesoro natural de Castellón está siendo frecuentado ya por pescadores furtivos que ponen en peligro la biodiversidad marina y también la del Parque Natural. Por ello, desde el equipo de gobierno que tengo el honor de presidir no nos vamos a quedar de brazos cruzados. El pasado 14 de marzo le remití una carta al Ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, en la que le expongo la crítica situación y le solicito una reunión de trabajo para trasladarle personalmente la problemática que supone el injustificado recorte de personal y la falta de encargo a la empresa pública Tragsatec.
Una misiva de la que aún no he tenido respuesta y que viene precedida de la remisión al Ministerio de una declaración institucional aprobada por unanimidad del Pleno del Ayuntamiento en la que todos los grupos con representación municipal exigimos la reversión de esta situación. Y es que la preocupación ante esta falta de vigilancia permanente no deja de crecer desde todas las instancias, tanto institucionales como sociales, y tomar decisiones de este tipo desde Madrid y sin un diálogo previo con los afectados nos parece una irresponsabilidad a la que se le debe poner solución de manera urgente. La temporada estival se acerca y este recurso turístico debe seguir perfectamente controlado y protegido para evitar cualquier tipo de exceso de consecuencias irreparables. En este sentido, debo agradecer al vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, Vicente Martínez Mus, su actuación inmediata ante esta situación inaudita con la inversión de cerca de 500.000 euros para reforzar los servicios que presta en Columbretes e intentar paliar esta desprotección, aun sin ser su competencia. Con esta aportación, desde agosto se ha podido incorporar una tercera persona para reforzar las labores de control, así como la atención a visitantes y mantenimiento del espacio natural protegido.
Increíble pero cierto. Mientras quienes enarbolan la bandera del ecologismo y del medio ambiente dejan al albur del furtivismo y el incivismo el futuro de uno de los lugares con más biodiversidad del Mediterráneo, las administraciones local y autonómica ponemos todos nuestros recursos a trabajar para evitarlo. Porque el Gobierno de Pedro Sánchez va sumando motivos para pasar a la historia por sus despropósitos. En este caso, con nuestras islas como perjudicadas.
Si no las conocen, me gustaría que este artículo sirviera para que tomaran conciencia de su importancia. Nuestras Columbretes son un archipiélago de origen volcánico formado por cuatro islas: La Grossa, la más conocida por su forma de media luna y por ser la única habitada, eso sí, solo por los guardas; la Ferrera, el Carallot y la Foradada. Su habitante más célebre es la Lagartija de las Columbretes, subespecie única en el mundo. También hay dos tipos de escarabajos exclusivos y son el lugar elegido por numerosas aves marinas para su nidificación. Su aislamiento y las condiciones extremas de salinidad, vientos y escasez de agua han obligado a su vegetación a adaptarse, contando con plantas autóctonas, aunque la predominante es la sosa fina, que cubre gran parte de la isla. Como ven, un ecosistema único cuya protección es decisiva no solo para las islas en sí mismas, sino para la supervivencia de numerosas especies de flora y fauna que dependen de ellas. Pero además, es un paisaje único, excepcional para visitarlo.
El papel realizado por los guardas en los últimos años tanto como garantes de la seguridad como informadores turísticos ha sido ejemplar. Los visitantes, con cupos que oscilan entre las 78 y las 120 personas al día, solo pueden pisar la Illa Grossa y, en la misma, solamente pueden andar por un estrecho camino de baldosas rojas, como Dorothy en El mago de Oz, que lleva hasta el faro. Durante el trayecto no se puede pisar más allá de las baldosas, igual que está totalmente prohibido desembarcar en cualquier otra isla del archipiélago. Además, hay un control de las embarcaciones privadas que pueden llegar, que deben reservar con antelación, puesto que está prohibido echar el ancla para no dañar el fondo de posidonia.
¿Creen que estos preceptos se cumplirán a rajatabla como hasta ahora con la mitad de la vigilancia? Imposible. Por ello, salvemos nuestro paraíso. Salvemos Columbretes. ¡Seguimos!
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